Industria Sostenible

Propuestas de la industria para un Brasil productivo, competitivo y sostenible

Por Davi Bomtempo, director ejecutivo de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la Confederación Nacional de la Industria (CNI)

Combinar producción y conservación medioambiental es una premisa innegociable para cualquier nación que se proponga ser competitiva, próspera y sostenible. Superar ese desafío es una responsabilidad colectiva y debe involucrar la acción de los gobiernos, el sector privado y los ciudadanos. La industria brasileña es una parte relevante de la solución para el desarrollo sostenible del país y, como tal, ha sido una gran aliada en la promoción de inversiones verdes.

Para ello, la Confederación Nacional de la Industria (CNI) ha movilizado al sector con una estrategia basada en cuatro pilares: transición energética, mercado de carbono, economía circular y conservación forestal. Con ello, buscamos aprovechar las ventajas y potencialidades del país para desarrollar e incentivar la adopción de fuentes alternativas de energía limpia, el establecimiento de un mercado de carbono, la circularidad y eficiencia en el uso de los recursos naturales, que generan modelos de negocio menos dependientes de materia prima virgen, y la promoción de cadenas productivas basadas en el uso sostenible de la biodiversidad y los bosques.

Y para contribuir aún más a esta agenda estamos presentando a los precandidatos a la Presidencia de la República, para las elecciones de este año, dos estudios con propuestas sobre el tema sostenibilidad: La economía baja en carbono: Por un Futuro Sostenible y Licenciamiento Ambiental: Desarrollo con conservación. Estos temas fueron elegidos por su relevancia en lo que respecta a los temas que más impactan en la agenda de sostenibilidad y por la urgencia de superar los cuellos de botella que impiden el desarrollo del país.

La consolidación de una economía baja en carbono, guiada por tecnologías limpias y procesos productivos más eficientes, es fundamental para apalancar el desarrollo sostenible del país y hacer más competitivas a las empresas en el mercado nacional e internacional. Tiene el potencial de cambiar las cadenas globales de valor y mover recursos financieros y productivos, aumentando la competitividad de los segmentos económicos que generan empleo e ingresos. Entre las sugerencias que estamos proponiendo para impulsar la economía baja en carbono están la expansión de los biocombustibles, la promoción de incentivos adecuados para hacer más eficiente el consumo de energía, la implementación de parques eólicos marinos y la regulación del mercado del hidrógeno.

Otro aspecto importante es la consolidación del mercado regulado de carbono según el modelo del Sistema de Comercio de Emisiones (SCE). La estrategia está cada vez más presente en las acciones gubernamentales para incentivar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y alcanzar las metas del Acuerdo de París –y Brasil no puede quedarse atrás. El establecimiento de un mercado de carbono bien operado, basado en una estructura de gobernanza robusta, podría estimular nuevos negocios e inversiones, generar “empleos verdes”, además de promover la transferencia de tecnología. De esa manera, queremos promover un ciclo virtuoso, acelerando el ritmo de las mejoras regulatorias y estructurales necesarias para fortalecer a la industria nacional, con base en las potencialidades –las muchas potencialidades– que tiene el país.

Por otro lado, las propuestas relacionadas con el licenciamiento ambiental surgen de la necesidad de implementar un proceso más ágil y eficiente, que eleve el entorno regulatorio y de negocios de Brasil a un nivel internacional competitivo, pero sin comprometer el patrimonio ambiental. La concesión de licencias a empresas productivas en Brasil es costosa, burocrática e insegura desde el punto de vista jurídico. Buscar el equilibrio entre estimular la actividad económica y la sostenibilidad es fundamental. Para lograr ese objetivo, defendemos mejorar el proceso de licenciamiento y armonizarlo con otros instrumentos de planificación ambiental.

Cabe señalar que simplificar y armonizar las normas no significa reducir la protección ambiental, que sigue teniendo el mismo nivel de protección asegurado por la legislación ambiental. Sin embargo es necesario que una legislación de cuenta ya 40 años pase por un proceso de revisión y perfeccionamiento, como todas las políticas públicas.

Las reglas de licenciamiento ambiental deben ser claras, estar en línea con las buenas prácticas internacionales y permitir que los emprendimientos pasen del diseño a la realidad con el debido compromiso con la conservación del medio ambiente. No es razonable que tengamos 27 mil normas que regulen el tema. No es razonable que un procedimiento para obtener una licencia para operar tarde hasta siete años. No es aceptable que un país emprendedor como Brasil no tenga un modelo simplificado de licenciamiento que beneficie a las micro y pequeñas empresas. Eso agota la capacidad del sector empresarial para soportar los plazos y las cargas resultantes.

Las medidas que presentamos para este tema buscan promover mejoras en el proceso, con la racionalización y agilización de los trámites, la integración de instrumentos de planificación y gestión territorial, la construcción de una base de datos unificada, que contenga información de los estudios ambientales ya realizados, entre otras. Todo ello sin perder la necesaria seguridad medioambiental que el licenciamiento debe asegurar para los proyectos.

El sector industrial brasileño comprende la importancia de la concesión de licencias, ya sea en términos de protección ambiental o para mejorar la gestión de proyectos. Por eso defendemos una revisión de la legislación y la incorporación de nuestras propuestas, que redunden en un modelo más inteligente y organizado y más integrado con una política de ocupación y gestión del territorio. En resumen, un modelo más eficiente que facilite la atracción de inversiones, que genere más puestos de trabajo y más ingresos para los brasileños, a la vez que fortalezca el patrimonio medioambiental del país.

La agenda de sostenibilidad es uno de los grandes desafíos nacionales. No podemos dejar pasar la oportunidad de proponer medidas y caminos para que, en los próximos cuatro años, Brasil supere cuellos de botella históricos que perjudican su competitividad y se prepare para los desafíos de la economía del futuro.