Industria Sostenible

Transición energética

Las prácticas de eficiencia energética y las fuentes renovables tendrán una participación cada vez más relevante en las actividades industriales en Brasil y en el mundo

El sector energético brasileño se destaca por una matriz energética en la que tienen una gran participación las fuentes renovables. Eso ocurre en pocos países del mundo y significa que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) por unidad de energía consumida en Brasil son pequeñas en comparación con otros países.

En materia de electricidad, el desempeño brasileño es único. Según el Balance Energético Nacional 2020, la composición de la matriz eléctrica brasileña es la siguiente: las fuentes renovables representan el 83 % de la matriz eléctrica, siendo que la generación hidráulica corresponde al 64,9 % de ese total; la energía eólica representa el 8,6 %; la biomasa, 8,4 %, y la solar, 1 %.

Las fuentes de energía renovable corresponden al 48,4 % de la matriz energética brasileña. A modo de comparación, las fuentes renovables representan solo el 19,7 % de la matriz energética de la Unión Europea, el 11 % en los países de la OCDE y el 13,8 % a nivel mundial.

Sin embargo, a Brasil todavía le queda un largo camino que recorrer para alcanzar niveles socioeconómicos comparables a los de los países desarrollados. En especial con respecto al consumo de energía per cápita, que se espera que aumente para el 2030.

El desafío será mantener los porcentajes actuales de participación de las energías renovables debido principalmente a los eventos climáticos extremos que afectarán los embalses de agua destinados a la generación hidráulica.

Si bien el sector industrial brasileño es responsable de aproximadamente el 21 % del PIB de Brasil, la 4ª Comunicación Nacional de Brasil a la Convención Marco de las Naciones Unidas señala que el sector industrial representa tan solo el 6,4 % de las emisiones de GEI de Brasil, desagregadas de la matriz energética.

En ese sentido, cabe destacar la baja intensidad de las emisiones de GEI para uso de energía en la industria. Brasil presentaba una intensidad de emisión de 139,93 toneladas de CO2 por cada millón de US$ del PIB. Por su parte, Francia, Argentina y EE.UU. presentaron, respectivamente, 145,85, 246,12 y 374,88 toneladas.

Si se consideran los BRICS, la ventaja brasileña es aún más expresiva, ya que la intensidad de emisión promedio de los países del grupo es de 476,39 toneladas, mientras que la de Rusia y China es de 590,72 y 638,64 toneladas, respectivamente.

Esa y otras comparaciones pueden ser consultadas en una publicación de la CNI, basada en datos del World Resources Institute (WRI) 2010.

En el Acuerdo de París, Brasil propuso una reducción del 37 % de sus emisiones de GEI para 2025 y una contribución indicativa del 43 %, además de medidas adicionales en energías renovables y eficiencia energética. Entre esas medidas propuestas se destacan:

lograr una participación estimada del 45 % de las energías renovables en la composición de la matriz energética para 2030, mediante un mayor uso de la biomasa y biocombustibles, así como de energía eólica y solar;

expandir el consumo de biocombustibles, de modo que la participación de bioenergía sostenible en la matriz energética se acerque al 18 % para 2030;

promover nuevos estándares de tecnologías limpias y expandir las medidas de eficiencia energética y la infraestructura baja en carbono en la industria.

Según el Emissions Gap Report, entre los países del G20, solo Brasil y otros dos están en vías de cumplir sus metas.

Así, a pesar de presentar numerosos desafíos, el escenario ofrece una serie de oportunidades para nuevas soluciones energéticas orientadas a incrementar la competitividad industrial y expandir la economía.

Para ello, es importante que las políticas públicas a elaborar lleven adelante una agenda positiva y estructurante, buscando conciliar los principios de integridad ambiental con el costo-beneficio de las acciones a adoptar. El objetivo es garantizar el aprovechamiento del potencial de los sectores, el crecimiento de la producción y el empleo y una mayor eficiencia.